lunes, marzo 19

Hormiga


Sin mi ilusión,
Voy.
Pensar que no la sigo,
Sentir que la he perdido.

Suena a hormigas que se comen entre ellas. Ese barullo llega mis oídos y me espanto. ¡Hormigas! ¡Hormigas! A manos llenas las tomo y las aplasto, pero las sigo escuchando. Entonces corro. A cada paso que avanzo más hormigas me susurran sus quebrantos. Derroteros de hormiga, sueños de mejores colonias. ¡Viva la reina! ¡Viva! Me tumban y se montan a mi pecho, me cubren todo. Empiezan a morder, a sacar a pedazos mi carne. Cientos, miles, millones me van troceando en partes que puedan transportar. ¡Eficaces! Después, soy huesos y hasta los huesos se los llevan. En un acto de frenético festín me despilfarran. Trozos a diestra, a siniestra. Ellas corren jubilosas, poseídas de un éxtasis superior a su porte. Me destruyen y ya no escucho sus pequeños susurros, ahora los siento como se siente el tambor en el pecho, cuando el corazón late al son repetitivo de esa fuerza salvaje. Pero estos susurros son distintos, son como un llanto. En vez de infundir coraje a mi corazón lo espanta —ya no existe y sin existir aún siente. Cientos, miles, millones de hormigas se alejan del despojo. En una marcha marcial van formando un círculo en donde estuvo mi cuerpo y en la mitad una sola hormiga. Soy yo con mi ya carente corazón, escuchando el llanto descontrolado que ahora me controla. Mis piernas se mueven por arte de magia, mis antenas, mi vientre. Camino de frente, a otro cuerpo, a darle la bienvenida.

martes, marzo 13

Hay veces...

Hay veces en las que me pesa la cabeza y todo el cuerpo. Si estoy acostado o sentado empiezo a sentir como si mi cuerpo se hundiese en sí mismo y mi cabeza empieza a dar unas suaves vueltas. Esas vueltas las puedo controlar a gusto, si deseo mayor desesperación, pues, doy más vueltas, si deseo tranquilidad lo dejo de inmediato. Es en cierto grado placentero, porque puedo olvidar lo que me afecta en ese momento y sentir la desesperación en mi piel, sentir como eriza mi piel, como la desesperación inunda mi corazón, lo hace latir más lento hasta casi el punto de sentir la muerte completa. Cuando llego a este punto me asusto y lo dejo. Queda en mí un sentir vago así como de una desesperación pequeña.

Hay veces en la vida que voy con los ojos cerrados. Doy bastonazos de ciego mientras ando con una seguridad pasmante. Hago y deshago con mi vida y con la vida del resto como si supiese lo que hago o lo que deshago. Siento en mí la razón, vil puta, de hacer o deshacer. ¡Y los argumentos... los argumentos me brotan hasta de los ojos! Mi boca, con aquella misma seguridad, pronuncia palabras coherentes, lógicas, con mucha razón. Pero, ¡oh!, condenado sea, ¿y el sentimiento en mi corazón? Aquella sensación de estar haciendo, actuando, en un mundo que no ha sido creado para mí, de estar transformándolo en algo que no es y que, para el resto, no debiera ser. ¡Oh, soledad! ¿Dónde estás? Ven a buscar para llevarme a aquel mundo en donde los pilares y fundamentos nacen de mi pobre corazón enfermo, de mi pobre mente perdida, de mi pobre cuerpo débil. Déjame entrar en el paraíso de mi querer y mi deseo. Déjame entrar en mí. ¡Entropía!

Hay veces que este mundo, sí, este mismito, me sonríe todo un día entero, me llena el corazón de alegría, sólo con el afán de que a la noche este mismito mundo me caiga con todo el peso de la realidad y me destroce la efímera y superflua alegría que de día me colmaba. Para él yo soy un juguete, en mi la rueda de la fortuna es una locura de vueltas en uno y otro sentido. Soy como el barquito más humilde perdido en una tormenta cruel en el océano, yo el barquito, la vida el océano y la tormenta... la tormenta es la realidad más abyecta. Porque mi vida es un bolero y los boleros son la vida. Si tan solo la libertad... si tan solo la verdad... si tan solo el hombre... si tan solo yo... si tan solo... ¡sí, tan solo!

Hay veces en mi corazón un latido distinto. Es casi como un cabalgar, un trotecito muy bonito de potro salvaje. Salta en mi pecho con ganas de querer salirse. Me golpea fuerte y le digo: Vamos, tonto corazón, déjalo ya. No seas bobo. Qué va, ni caso me hace. Lo dejo golpear en mi pecho, lo incito a golpear más fuerte, lo alimento para que golpee y golpee. El problema es cuando no golpea de alegría, porque golpea y no lo quiero escuchar. Hace que me suba la sangre a la cabeza y, tal vez por eso, siento el cuerpo pesado y la cabeza me da vueltas.

jueves, marzo 1

¿Colectividad o comunidad?

Se me hacen curiosas las relaciones que se formaron gracias al espacio que dio la toma del 2011. Observo que se ha formado un grupo unido (el que yo "conozco") de personas que en otras circunstancias no se hubiesen llegado a conocer. Un amigo me dijo que pasar hambre une a la gente, así parece. Pero lo que me cuestiono es qué tan real son dichas relaciones o si, al final, no es más que una búsqueda desesperada de pertenencia, cariño o simplemente una fuga de otras realidades no tan bellas como lo es vivir entre personas jóvenes, alegres, dispuestas a celebrar y a morir celebrando.

Me agrada mucho ver cómo se conocen, cómo comparten, cómo se ríen entre ellos, cómo se pierden en recuerdos de fiestas alocadas, cómo se llenan de nostalgia cuando piensan en aquellas situaciones en donde cada uno se encontró con el otro desnudo de todas las posesiones terrenas (o eso creen, yo no sé). Pero ese espacio y ese tiempo se ha esfumado, ahora es parte del recuerdo y la melancolía; ahora, la rutina vuelve pisando fuerte y no retrocederá de nuevo mientras pueda, mientras no vuelva a existir un paro y una toma tan larga. Difícil que suceda de nuevo, porque ahora estamos todos abatidos gracias a la cantidad de estudio que se nos juntó por las acciones del movimiento estudiantil. ¿Se podrán dar el lujo, otra vez, de crear dicho espacio? ¿Qué tan bueno puede ser para el individuo? ¿No ser parte de él desde un inicio provocará cierta discriminación, por ejemplo, con los nuevos ingresos?

Debo decir que es un fenómeno difícil de analizar y no creo tener la claridad para esbozar las respuestas a las interrogantes que me planteo ni plantear buenas interrogantes. Aunque, el otro día, cuando compartía con ellos, vi en sus maneras algo que me conmovió, al verlos contar, reír, compartir (porque lo comparten todo, absolutamente todo), etc; y vi que en sus formas era la sinceridad lo que primaba. Pero, estas relaciones ¿de qué se alimentan? ¿Cuál es el sustento diario por el que se mantiene? ¿Será la confianza, la diversión, el interés que pueden producirse entre ellos? ¿Será una comunión con el otro de manera espiritual?

Ahora veo y comprendo que aquellos sueños de colectividad que tenía cuando más imberbe eran meras utopías, un discurso bello, porque en cierto grado dicha colectividad expresada en las circunstancias actuales me desagrada sobremanera. Vuelvo de nuevo mis ojos a la vida ascética, al tormento del yo por el yo mismo, al descubrimiento del otro por el yo. No puedo negar el grado social del occidental, pero, lo que temo, es perderme en trivialidades, en estancarme en mundos felices, en perderme en la niebla hermosamente blanca. Y aquella vida ascética ¿existe? Porque no hablo de aquellos padres ermitaños del desierto, sino aquella vida ascética de Ulises, el bastarse consigo mismo, el hallarse sólo en el mundo y aún así alcanzar Ítaca, alcanzar la perfección espiritual.

lunes, febrero 27

Dove siamo?

Si de memoria la luz se refracta en miles de sencillas canciones muertas que van a parar al fondo de tachos de basura donde se me pierde: ¿dónde estamos? De nuevo el sonido martillante vuelve a caer para mostrar el rostro de los que se han ido, pero los que están, los que estamos, volvemos trepidantes a subir la cumbre sin sentido de lo inesperado, de lo inaudito. ¿Cerrar los ojos? ¿Para qué? Si ya la vida no da más, aprender no da más, renacer no da más. De nuevo las bocas silenciadas por los gritos de la esperanza me alcanzan, me hacen hundirme en mis tripas. Sí, cago y mis tripas negras hacen de mis eses mojones negros como la conciencia colectiva del individuo más solo. Sí, cago y mis tripas negras... Todo va a estar mejor. Y los oídos que claman por ser manos. Y las manos que claman por ser lengua. Y la vida que clama por ser muerte. Y las palabras que claman por ser acciones. Y yo... que clamo por no volverme a ver.

viernes, febrero 10

Le Monde (XXI)

¿Y si realmente todo es una ilusión,
una ilusión de que avanzamos?

Como la serpiente que se come a sí misma, como la corona de laureles

Ahora ya no quiero ni deseo ni espero
la abulia me corrompe
el cansancio de nuevo contraataca

No me queda nada
ni mis manos
ni mis dedos
ni mis uñas
para rasgar el cielo
para mantenerme aferrado a este mundo
para no seguir cayendo

Hasta las palabras me suenan extrañas
sus sonidos me asustan
temo
mis ojos me traicionan
o me muestran la realidad tal cual es

¡Sombras! ¡Sombras!
¡Maldiciones!

Despiadados abismos
altas cumbres
de donde poder tirar el cuerpo
de donde poder liberar el alma
de este círculo infinito
de este engaño infringido
por los hijos de mis antepasados
por mis hijos
y por mí mismo.

viernes, febrero 3

IV


Se abren tus dos pupilas como dos precipicios
por los que ruedan almas al sueño y a la nada,
(Mujer, dame a probar tus dulces maleficios;
¡húndeme el luminoso puñal de tu mirada!...).
Surgen tus manos breves, lánguidas y perdidas,
como lirios carnales, de las batistas claras...
(Yo pienso que gustoso te daría mil vidas,
para que con tus manos finas me las quitaras!)


                                                "El árbol del bien y del mal"
                                                          Medardo Ángel Silva

III


Cómo detenerme a pensar, a si quiera bacilar, entre ver tus ojos o escuchar tus palabras. Porque cuando abres aquellos labios me pierdo. Empiezo a caer en el vicio. Mi mente se desboca en un eterno retorno, en círculos sobre círculos que se van perdiendo, superponiendo hasta el cansancio. De hecho te digo, sí, te digo, que dejes aquellas palabras, que dejes tu voz tranquila, pero no, me pides que hable. Entonces de nuevo me pierdo. Tus ojos me encandilan, quedo ciego para el mundo y sólo hablo. El agua brota, al igual que las palabras, cuando en un pozo abierto emana abundancia. Me inflo hasta la saciedad y de pronto exploto. El silencio me toma. Entonces te beso.

Sucede que me canso de ser…

No comprendo nada, desato tormentas sin rechistar, necesito salir…

¡Eh, lejos de mí!

Mientras veo por la ventana desato la conciencia. La inercia lleva mi cuerpo. Alma y cuerpo escindidos por completo. Al final de mis ojos, en lo más profundo, una imagen. Y me canso, me atormento, me desato. Mi cuerpo se agita. Agua, agua, digo. Mi mente toma el control. El pequeño fascista se revela, grita fuerte en mis oídos con voz de mando. Me obliga a pensar en el progreso. Me presenta un futuro esplendoroso. Y le creo. Me convence fácilmente. Es una muy buena trampa. Camino apurado por la calle, necesitando ese impulso. Me siento y a mi lado…

Abre

La puerta

Que soy el diablo

Que vengo con perras

Uno, dos, tres, ene. Soy aquel que… ¿y el tiempo? ¿y el espacio? Soy entre, a través, encima, debajo, desde el centro.

Lo más bello de los números es que son infinitos.

jueves, febrero 2

II

Bajo mis pies la tierra mojada. Sobre mi cabeza el sol sereno que cae suave sobre mi coronilla. El viento hecho brisa que acaricia mi rostro, mueve mi cabello. Y yo, frente al lago, observando el centro del lago, sintiendo el olor a agua, sintiendo el viento, la tierra, el sol. Todo equilibrio, todo paz, todo quietud. La tierra me toma en su seno y me acaricia, sube por mis piernas, toma mi cintura, avanza hasta mi pecho y se detiene. El sol empieza a calentarme y de a poco va secando el barro en torno a mi cuerpo. El viento me sigue besando, constantemente, como besa el viento, incansablemente, besando, besando, besando. Y el agua, el lago, está ahí quieto, ve y no hace nada, ve y no dice nada, ve y deja ser.

Tierra, viento y sol me poseen por completo. Los céfiros, bellas mujeres, me acarician el cuerpo cada vez con más violencia. Van sacando con tino la capa de tierra seca. Voy naciendo a la nueva vida con aquellos besos inagotables del viento. El sol lucha, la tierra no se retira, pero el viento gana. Llega un punto en donde el caos se desata y me veo arrojado por los aires, huyendo con el viento, huyendo de la tierra y del sol. Me sube, me sube, me eleva, me alza. Es un águila que me lleva como presa por los aires. De pronto me suelta o me suelto. Mi cuerpo cae con una tranquilidad inaudita, siente todavía el viento que lo roza, esta vez con una violencia embriagante. La tierra, sonriente, me espera allá abajo: al fin me va a tomar en sus brazos anhelantes, al fin se cobrara de mí y del viento la humillación. El sol, en cambio, impotente, sólo se dedica a ver en la soledad de su altura cómo caigo, cómo me deshago en el suelo y cómo la tierra me funde.

El sol, mi querido sol, con su fuerza, con su voluntad saca mi ánima del cuerpo putrefacto, la saca entera, para depositarme entero en el lago. El lago me recibe en su seno, me llena de él, me sacia de él y de su frescura. Ahora soy de nuevo el lago, como debí haber sido siempre y nunca debí haber mezclado los elementos para hacerme un cuerpo, para ir tras tuyo, mujer, para ir tras tus besos, besos como los del viento.

lunes, enero 30

I

Mis pisadas retumban en lo cráneos de lo débiles que, dispuestos en hilera, marchan a su final. Me miran, los miro, los increpo con la mirada, con odio, con rabia, con desdén y ellos sólo me miran. Mis pisadas retumban en sus corazones frágiles mientras camino como una fiera enjaulada. ¿Por qué me temen?, les grito, ¡cobardes! ¿Olvidasteis vuestras súplicas anhelantes acaso? Me habéis buscado, pobres seres, y ahora me temen. Regresad por donde vinieron, ¡ahora!

Arrastrando los pies, con los brazos colgando, las miradas cansadas, se empiezan a ir uno a uno. Algunos regresan su vista, de nuevo suplicante. Yo río con maldad. Volverás, volverán, se los digo con los ojos, porque la quietud, la maldita e insana quietud, los tiene hartos, como a mí me tiene harto el eterno movimiento, el eterno impulso, el viaje sin más meta que la muerte, bella muerte pero desdichada. 

Cuando va quedando sólo un ser, ella, aquel ser bello con aquella cara bovina que me produce misterio, troco mis ojos en un grito que ella bien entiende, pero gira la vista y se aleja impávida. ¡Oh, quietud! ¡Oh! Devolvedme sus ojos, sus labios, sus manos, devolvedme su sexo esclavizante, devolvedme las caricias que al alma excita, que al cuerpo excita. Dejad que en mis besos se pierda; entrad, Eros, por mis labios hacia ella y dale muerte, para que nazca a la nueva vida.

—Yo, el misterio de la verdad, la vida. Por mis brazos habéis de pasar sufriente, sintiente. Mejor huid, porque no estáis preparada para la liberación, para la libertad,  para el dolor que implica llegar al silencio total, al negro absoluto, a la Nada completa. Pensáis que la vorágine es embriagante, sí, tenéis razón, pero despedaza, destruye, maltrata. Sólo así la verdadera vida puede entrar en nuestros cuerpos, sólo vaciando todo aquello que nos hicieron ser para llenarlo de aquello que somos: soledad, misterio y melancolía.

Tiemblan tus manos y tus ojos, me miras estática...

—Dejad tus ropas, tu voz, tu rostro, tus palabras y entrad desnuda al misterio, a la iniciación. Te deseo leve para que tu propio peso te llene. Cerrad los ojos y seguidme...

martes, enero 24

miércoles, enero 18

Eres el impulso que me mueve
de esta quietud insana
en donde me pierdo en la nada

(Y no me encuentro por más que me busque)

Eres el deseo muerto
de meterme en los pliegues
de tu vida
de tu alma

Oh, mujer, qué difícil
qué imposible
es amarte sin amarte
desearte sin tenerte
pensar en ti
sin conocerte

Tu recuerdo se me esfuma
de las manos
de la mente
No estás pero persistes
me atormentas
me persigues

Eres las palabras que desmentiste
eres el abrazo imposible
y los besos
y tus manos
y tu cuerpo maldito
que se me repite

Oh, mujer, déjame en mi precipicio
o sácame para caer en el tuyo
en el precipicio de tus ojos
de tu vida
de tu amor imposible
que me atormenta, que no existe

martes, enero 10

NN


Eres una imagen
y en tu imagen una sonrisa
y tu sonrisa una ternura
y esa ternura me asusta

Porque cuando te pienso
no tienes nombre
ni deseo que lo tengas
No quiero limitarte
ni ponerte un nombre que no sea el tuyo
ni darte un nombre que te defina

Porque me gustas como el aire

Pero un día tendrás uno
el tuyo propio o el que yo te ponga
y a mí me gustas como imagen

Y cuando tengas nombre
aquel nombre con el que te recuerde
y que cuando te piense a solas
me alegre
espero que sea ternura
como tu sonrisa
aquella que me asusta
y me hace recordarte

jueves, enero 5

Quien Soy - Juan Luis Martínez

Espero que la sombra me separe del día
y que fuera del tiempo, bajo un cielo sin techo
la noche me acoja donde mejor sé morir.

Si mi destino está sobre la tierra, entre los hombres,
preciso será aceptar en mí aquello que me definió,
puesto que no quiero ser otro que yo mismo.

Mi nombre, mi rostro, todo aquello que no me pertenece
lo doy como forraje al público insaciable,
mi verdad la comparto con los míos.

No vivo en la superficie, mi morada está más profunda
el malentendido no viene de mí:
nada tengo que ocultar si no sé adónde voy,
sé con quién voy.

Mi parte del trabajo es asumir mi libertad
lo digo a fin que más tarde nadie se asombre:
lucharé hasta que me reconozcan vivo.

Mi patria está sin nombre, sin tachas
hay una verdad en la subversión
que nos devolverá nuestra pureza escarnecida.

Y si debiera equivocarme, eso nada cambiaría
Hacer reventar los sistemas es el único juego aceptable,
el movimiento es la única manera de permanecer vivos.

Mi amor lo doy al hombre o a la mujer
quien me acompañará en este periplo incierto
donde velan la angustia y la soledad.
Y no cerraré los ojos, ni los bajaré.

miércoles, diciembre 28

Vasija de barro


Mis huesos jóvenes
Se deshacen en polvo.
Es el cansancio del siglo,
Me dicen
Mientras se alejan riendo.

Es la dictadura del no,
De la clase media,
De la democracia antidemocrática,
De la tiranía de la máquina.

El todo por el nada
O por el todo
O por el individuo
O por la mierda de este siglo.

¿Será mi palabra,
Mi boca cansada,
La muerte,
El inicio?

Ver la vida como una ironía y reír.

¿Será este siglo el casado?
¿O la alegría?
¿O mi palabra, mi boca?
¿O aquellos huesos jóvenes que se deshacen?

martes, noviembre 1

La vuelta al mundo



No me regalen más libros
Porque no los leo
Lo que he aprendido
Es porque lo veo
Mientras más pasan los años
Me contradigo cuando pienso
El tiempo no me mueve
Yo me muevo con el tiempo
Soy
Las ganas de vivir
Las ganas de cruzar
Las ganas de conocer
Lo que hay después del mar
Yo espero que mi boca nunca se calle
También espero que las turbinas de este avión nunca me fallen
No tengo todo calculado
Ni mi vida resuelta
Solo tengo una sonrisa y espero una de vuelta
Yo confío en el destino y en la marejada
Yo no creo en la iglesia
Pero creo en tu mirada
Tú eres el sol en mi cara
Cuando me levanta
Yo soy la vida que ya tengo
Tú eres la vida que me falta
Así que agarra tu maleta el bulto los motetes
El equipaje tu valija la mochila con todos tus juguetes
Y
Dame la mano y vamos a darle la vuelta al mundo
Darle la vuelta al mundo
Darle la vuelta al mundo
Dame la mano y vamos a darle la vuelta al mundo
Darle la vuelta al mundo
Darle la vuelta al mundo
La renta el sueldo el trabajo en la oficina
Lo cambie por las estrellas y por huertos de harina
Me escape de la rutina
Para pilotear mí viaje
Porque el cubo en el que vivía
Se convirtió en paisaje
Yo
Era un objeto esperando a ser ceniza
Un día decidí hacerle caso a la brisa
A irme
Resbalando
Detrás de tu camisa
No me convenció nadie
Me convenció tu sonrisa
Y me fui tras de ti
Persiguiendo mi instinto
Si quieres cambio verdadero pues
Camina distinto
Voy a escaparme a la constelación más cercana
La suerte es mi oxigeno
Tus ojos son mi ventana
Quiero correr por siete lagos
En un mismo día
Sentir encima de mis muslos
El clima de tus nalgas frías
Llegar al tope de las sierras
Abrazarme con las nubes
Sumergirme bajo el agua
Y ver como las burbujas suben
Y
Dame la mano y vamos a darle la vuelta al mundo
Darle la vuelta al mundo
Darle la vuelta al mundo
Dame la mano y vamos a darle la vuelta al mundo
Darle la vuelta al mundo
Darle la vuelta al mundo

sábado, septiembre 17

El laboratorio


Vivo en un laboratorio. Sí, como lo escuchan, en un maldito laboratorio. Hace más de 40 meses que existe. Es bello, eso ni lo puedo negar. Son hermosos los paisajes, las ratas, todo es hermoso, pero es un maldito laboratorio. La verdad no sé cómo se les ocurrió crearlo ni tengo claras las cosas que hicieron para construirlo. Imagino que lo hicieron como todo, con sangre, mentiras, ambición. Sí, les quedó bonito el maldito laboratorio. No nací en este lado del laboratorio, soy de un poquito más arriba. Lo más gracioso es que consiguieron que  las ratitas de las distintas partes del laboratorio se sintieran orgullosas de su pequeña parte y, de hecho, han institucionalizado un día (o unos cuantos días) para celebrar por la independencia de cada parte del laboratorio. 

Al principio éramos de una sola caja en donde todas las ratas compartíamos bajo una misma corona. Después, como preámbulo al nuevo laboratorio, comenzaron a dividirnos (o nosotros mismos lo hicimos) y así fue que apareció ese sentimiento patriota por el cuadrado en el que nacimos. Gracioso: sólo porque una rata tiene la cola más larga y la otra tiene las orejas puntiagudas ya creen que son de dos especies diferentes. ¡Tontas ratas! Al final todos somos ratas y de laboratorio, más encima. 

Un día llegaron unos hombres con ternos finos y batas blancas, empezaron en el centro del laboratorio, creando ratas demoníacas, malditas, reduciendo su condición de rata a mera carne, huesos y maldad. Después, toda esa plaga se propago silenciosa alrededor de todo el laboratorio; nosotros ni nos dimos cuenta, es que lo hicieron muy bien, demasiado bien. Esos hombres de trajes fino y batas blancas realmente son muy inteligentes, los admiro. Si no fuera una rata pues me gustaría ser uno de ellos; crearía seres más horripilantes, seres enormes y despiadados, muy parecidos a aquellos hombres y, desde mi laboratorio, crearía un laboratorio en el mundo de aquellos hombres de trajes finos, de batas blancas, de uniformes verdes y cafés.

No me queda claro cómo reestructuraron nuestra sociedad. De pronto uno ya ni podía comer la basura que ha uno gustase, tenía que ser tal basura, a tal hora, en tales condiciones. Nuestro rey rata dejó de serlo, algo en su rostro compungido me decía que ya no era rey, sino una especie de bicho aplastado, tenía un aspecto de mosca contra la ventana, seguramente algo hicieron los de bata blanca. Pasaron unos cuantos días, que más bien parecieron años, muchos desaparecieron en todo el laboratorio, ratas de un cuadrado se unieron con otras de otro cuadrado e hicieron desaparecer a ratas de todos lados, seguramente algo tuvieron que ver los de café y verde. Algunas de esas ratas desaparecidas, los menos creo yo, fueron verdaderos revolucionarios, en su utopía soñaban con invadir el mundo de los hombres de trajes, batas y uniformes, de destruirlos y de destruir este jodido laboratorio. Pero murieron. Después, ellos mismos, con sus cuerpos, con sus huesos, fueron el fundamento y las bases para la nueva sociedad. Más de lo mismo, pero más hermoso, más detallado, más trabajado.

Algunas ratas huyeron y huyen todavía. Ellas ahora están lejos, entre basurales espléndidos, viviendo como ratas, verdaderas ratas. De vez en cuando han de pensar en nosotros, en las ratas que dejaron atrás, en las ratas que tuvieron que matar para poder huir. Yo, en cambio, como buena rata de laboratorio, he de morir aquí de viejo, o, en el mejor de los casos, en la mesa de experimentos, junto a otras ratas, iguales entre nosotras pero distintas en la forma de vivir, de pensar, de sentir. Rata es rata, no importa el laboratorio, y cuando morimos morimos como ratas, verdaderas ratas.

viernes, agosto 26

Jueputa

La competencia me sorprende. Esta moral moderna es increíble para mí. Me cansa y me aburre. Me causa mucha impresión ver como se entregan muchos a ese juego cruel, en donde el pseudomejor es pseudosuperior. Al final, y todos nos damos cuenta, es una apariencia mantenida por todos. Los que están ganando necesitan a los que están perdiendo y viceversa, porque no pueden ser sin el otro. Todos somos parte de esto y, aún teniendo nosotros el poder de cambiarlo, no hacemos nada.

En mi diario quehacer intento no caer en sus aguas, pero es tan pantanoso el mundo, que me lleno de barro y a veces tropiezo. Siento una repulsión a ese forma de vida, si es que se le puede clasificar de vida. Nos falta tanta honestidad. La honestidad de decir al otro lo bueno que es, lo inteligente, lo sabio, lo divertido, etc. La honestidad de decir lo malo que es el otro, lo falso, lo mentiroso, lo frívolo. Muchas veces confunden la sinceridad con esta nueva moral o, peor aún, con un ataque directo. Ha mellado tanto la competencia en nuestra mente que se nos hace imposible ver en el otro algo más humano de lo que la sociedad nos ha enseñado, la sociedad "liberal" nos ha dado al individuo y al mismo tiempo lo ha transformado en un monstruo. Es tan fuerte el yo en cada uno que no podemos abrir los ojos y ver al otro.

¿Pero hasta donde llega el verdadero individuo? ¿Realmente existe? ¿O deberíamos llamarlo ente-maquina? Porque de ser no le queda mucho. Entonces, desde dónde soy yo y hasta dónde llego. Y de nuevo me pierdo. El cielo dentro mío se vuelve a cerrar y se pone gris. Veo de frente y no tengo la fe, ni la cristiana, pero cierro los ojos un tiempo (sea un segundo o un día, no importa, hablo de aquel otro tiempo) y olvido. Es la mejor arma, la mejor herramienta. Para cuando llega el olvido me encuentra a mí, a mi pistola y una bala nueva. Lo saludo, me hace un gesto con la cabeza y se sienta en la silla que le había dispuesto enfrente mío.

- Vamos, no te enojes. Ya llegué -me dice- Deja esa pistola, (y la trata de tomar, yo con un gesto despectivo alejo su mano) ¿de nuevo me vas a hacer la misma escena?

Me queda viendo como esperando a que responda. Me río. La misma escena, me digo para mis adentros. Me llevo la pistola a la sien y disparo. Veo como el olvido se pone borroso hasta el punto de que veo todo negro. Por unos instantes, que pudiesen ser años, veo negro. Estoy en el silencio, en la nada. Entonces, aparece el olvido de nuevo, pero ya no como un ser etéreo, sino que toma forma humana y me toma de la mano y me levanta.

- Lo volviste a hacer. Y ¿para qué? Tú sabes lo que va a pasar de nuevo -y me empuja al agujero y caigo y caigo y caigo. Cuando llego al suelo me despierto. Miro a mi derecha y estoy yo sentado con la ropa llena de sangre. Me saludo. El de la silla se para y me escupe en la cara. Me dice algo que no comprendo y se aleja. En el umbral de la puerta le grito: ¡A ver, compite conmigo! y me río fuerte, hasta que suena un portazo en el pasillo.

Me levanto. Estoy desnudo. Me visto con lo que encuentro, tomo una maleta y pongo algo de ropa dentro. No puedo seguir aquí. Es la enésima vez que hago esto y siempre pasa lo mismo. Tengo, ahora, que irme, alejarme de esta aberración. Espero no volver a caer en la competencia, en el sistema, sino un yo que no soy yo volverá a aparecer, se levantará lleno de sangre, tomará el pasillo y cerrará la puerta de un golpe. Si lo vuelvo a ver de seguro me mata. Pero eso es peor y no lo sabe. Lo hago por él, por mí. Le dejo una nota:

Ojalá me perdones. Ahora queda en ti, como lo hice con otros yo, lo peor de mí. Reza porque no te dé hermanos. Ja ja ja.

Y me alejo renovado, como un buen jueputa. ¿Adónde iré esta vez? Cierro los ojos un momento para sentir la pistola caliente en la funda de mi pecho. No importa donde vaya...

jueves, julio 28

(Palab)Ra(ma)s

"-Lo que importa es que un guerrero sea 
impecable -dijo al fin-. Pero eso es sólo
una manera de decir las cosas,un modo
                                                                                                                    de andarse por las ramas..."
Relatos de poder. C. C.

Es fácil cerrar los ojos y traer de vuelta algún pasado. Es fácil cerrar los ojos y tomar el hondo vacío, moldearlo, pintarlo, destruir y construir otra realidad. Es fácil. Es fácil tomar el presente y obligar a que aparezcan seres, cosas a nuestra pinta y transformarlo todo. Es fácil. Es fácil abrir los ojos, bien abiertos, y crear un futuro hermoso (u horripilante, según el deseo) para zambullirse de lleno en aquella imagen gris como cemento. Es fácil no estrellarse fuera de aquí. Es fácil vivir cuando no se vive, es fácil. Como también es fácil tomar la realidad y malearla, con ideas inverosímiles, dolorosas, mentiras bien contadas por uno mismo. Esto es fácil y mucho más.

Lo difícil es tomar las cosas como vienen, de frente, impecablemente.

***

-Cómo imaginarte a vos-
¡Ay! Cómo imaginármelo,
cómo ima... no, no, no, cómo imaginármelo,
cómo ima... ay, cómo imaginármelo,
como ima... no, no, no, cómo imaginármelo.

¡Sí está!

Cómo imaginarte a vos sin sentimiento,
es como pensar en una flor en el cemento.
Voy por la ciudad y en mi chica pienso (¡no, no!)
y en su suavidad no la imagino en el desierto.

Cómo ima... ay, cómo imaginármelo,
cómo ima... no, no, no, cómo imaginármelo,
como ima... ay, cómo imaginármelo,
cómo ima... no, no, no, cómo imaginármelo.

¡Sí está!

Cómo imaginarte a vos sin sentimiento,
es como pensar en una flor en el cemento.
Voy por la ciudad y en mi chica pienso (¡no, no!),
con su suavidad no la imagino en el desierto.

¡Sí está!

Cómo imaginarte a vos sin sentimiento,
es como pensar en una flor en el cemento.
Voy por la ciudad y en mi chica pienso (¡no, no!),
con su suavidad no la imagino en el desierto, 
en el desierto.

lunes, junio 27

El gran desmayo

La verdad no sé cómo llegué a esta pared. Me percaté hace unos momentos que estoy colgado en una pared blanca que se extiende hasta una ventana que abarca la mitad de la pared vecina a la mía. Al frente, otra pared blanca, donde veo a otro condenado, también colgado, que está todo amarillo por el paso del tiempo y el sol citadino. Puedo percatarme que, antes de ser un cadáver muerto en una pared, fue un árbol, unas plantas, etc. A mi derecha, en mi pared, hay otros colgados: primero un ex-árbol con sus filos quemados y unas letras en negro que dicen algo, más allá otro que fue árbol pero que en su superficie se traza un dibujo colorido. Ambos se sostienen de manera cruenta por una cinta pegajosa. Debo agradecer a Dios que yo no esté igualmente colgado, prefiero sostenerme por mis propios medios gracias a un clavito que sale de mi pared. A mi izquierda, una pared de unos sesenta centímetros es la vitrina de otro colgado, muy parecido al del frente, que tiene en su superficie un rostro en blanco, unas letras y una estrella roja. ¡Ay, Dios! Esa estrella es comunista, ¿dónde viene a parar? Desesperadamente trato de arrancarme, temiendo lo peor, pero el colgado de al frente me detiene con sus palabras.

— Hola, me llamo Harley. No temas, que aquí no somos comunistas. Sólo es un póster.

— ¿Un póster?

— Sí, un póster. ¿Por qué te sorprendes? No eres de por acá, ¿verdad? Déjame adivinar, ¿eres del sur?

— Sí, de un pueblito perdido en la cordillera en la séptima región. Lo último que recuerdo es que estaba pastando tranquilamente cuando un golpe a traición me dejó noqueada.

— Suele suceder. Yo, en cambio, vivía tranquilo en una selva, más allá de la cordillera…

Harley me contó que antes era un hermoso árbol que habitaba en la selva amazónica. Me instruyó sobre las razones por las que estamos ahora aquí, colgados. Me dijo que no debo preocuparme más que de los rayos del sol y de morir viendo las mismas cosas para siempre. Los otros colgados están inconscientes. Harley dice que de a poco van a ir despertando, como me pasó a mí, y que antes tuvo varios amigos, pero que todos se han ido.

La habitación en la que me encuentro es toda de blanco. El techo es blanco también y con una textura rugosa, por lo que puedo ver. A ambos lados de las ventanas se colocan dos cortinas rojas y otras dos blancas, que son como nuestros guardias, nos protegen del sol, del polvo y del ruido. Ambos pares de cortinas me han dicho que han estado siempre, desde los inicios de la creación. Ellas vieron esta habitación vacía y vieron llegar a los diversos colgados durante todo este tiempo. También vieron llegar a los muebles, como la cama que se extiende paralela a mi pared, cuya cabecera está en oposición a la ventana y tiene tras suyo un velador de un café barnizado. La pared que se encuentra a mi derecha me impide ver más allá, pero imagino que ahí se encuentra la puerta (que también debe ser blanca) y los closets. Debajo de mí está una silla que tiene una cuanta ropa encima. Por el suelo se encuentran diversos objetos que me hacen pensar que es la habitación de un joven. Todos los muebles y objetos conscientes me dan una grata bienvenida, me cuenta su historia antes y después del gran desmayo y me animan para que no caiga en las nostalgias de extrañar mi hogar. Ahora eres de aquí, amigo, no puedes ni debes extrañar tiempos idos, nosotros seremos tus amigos, tu familia. Además, con el tiempo te vas a dar cuenta que no es tan terrible ser un condenado.

— ¿Cómo te llamas, hijo? –me pregunta el par de cortinas rojas, que, como buenos dioses arcanos, no tienen nombre alguno por el cual llamarlos.

— Sí, dinos tu nombre. –interfiere la silla –No, mejor presentémonos nosotros primero, porque así lo pide la cortesía. Mi nombre es C., como me decían antes de despertarme en esta habitación.

— Yo me llamó L. –dijo la cama y se quedó callada.

— Mucho gusto, me llamó P. –dijo el póster a mi izquierda.

Uno a uno fueron presentándose muy cordialmente, incluso aquellos pequeños objetos en los que no había puesto atención. Todos daban voces de alegría mientras cada uno se presentaba, como celebrando mi llegada o como tratando de no llorar. Cuando ya todos se presentaron, Harley alzó la voz y dijo:

— ¿Y tú, cómo te llamas? ¿Qué eres? Nos pareces un objeto extraño.

— Yo… este… bueno… Yo… –no sabía qué decir, antes no me interesaba cómo me llamaban, yo sólo pastaba. Pero ahora, ahora ni siquiera sé qué soy. Dios mío, ¿qué hago? –A mí me decían Clara, mi vaquita querida. Pero ahora dudo si realmente me querían. –Todos se echaron a reír –Y con respecto a qué soy no sabría decirles.

Un silencio total invadió la habitación. Todo me miraban, como buscando descubrir qué era. Las cortinas se cerraron, la silla no alzó más su vista, la cama ya ni siquiera me veía. Sólo Harley me miraba con compasión. Yo había visto a alguien como tú en la tienda en la que estuve antes. Te usan en la cabeza, imagino que para proteger del sol, pero aquel que vi hace tiempo tenía otra forma y otro color. Pero tu color negro es hermoso…

Harley siguió hablando pero no lo escuché más. Antes, cuando pastaba en el campo, nunca me había interesado saber qué soy, vivía feliz rumiando incansablemente aquel buen pasto que me daba mi amo. Pero ahora, ahora todo era distinto. Ya no comía, ya no andaba, ya no sabía si era Clara, ya no sabía si era o no una vaca, menos si alguien me quería. Todo se me fue a negro. De pronto una voz ronca me sacó de mis pensamientos. Era el velador. Pensé que no estaba consiente porque no se había presentado, pero ahora estaba hablándome.

— Te llaman sombrero. Te usan tanto cuando llueve como cuando hace sol. Pero no temas, que este joven no te ha de usar, sólo le gustas por tu textura aterciopelada y tu color negro. Bienvenido.

Un sombrero, qué es un sombrero. Yo no soy un sombrero. Tampoco soy ni fui vaca. Por lo que me ha ocurrido creo que tampoco soy Clara. Entonces, ¿qué soy? Que no me llamen ni vaca, ni Clara, ni sombrero, que no me llamen. Antes no era nada, cuando inconsciente estaba, pero ahora soy y no sé qué. Ahora entiendo mi condena, ahora entiendo por qué estoy colgado.

Rechina la puerta, se acerca a mí una mano y me toma. Me descuelga y comienza a acariciarme. Me pone en su cabeza y nos dirigimos a otra habitación. Colgado en una pared está mi reflejo y el reflejo de aquel, que sonríe. Estoy sobre su cabeza, soy negro, ya no parezco vaca, mi reflejo ha cambiado. Pero yo no soy aquello que veo, ni soy lo que recuerdo que fui. Yo soy… un condenado.

sábado, junio 25

Atardecer

 
Comunidad Curruhuinca - Argentina